Santa de Taca

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Santa de Taca

Mensaje por Min el Mar Dic 16, 2014 10:13 pm

*inserte regalo aqui*
Querida Taca,
Quisiera obligarte a que te guste mi regalo, pero como no sé si te gusta leer o no, y este regalo lo tenía que hacer así que te voy a regalar lo que me salga de los cojones, te digo que MAS VALE que te guste mi regalo
Sinceramente no tuve tiempo de volverlo a leer, así que algún día lo voy a terminar bien con tiempo y  lo voy a subir a ... a.. *piensa en alguna página que no sea de fics*... Wattpad?
PARA QUÉ DIGO ESTO SI SÉ QUE NO LO VAS A VOLVER OTRA VEZ?
*empieza a desesperar*
Mejor me callo y tomá * le patea en documento de word hasta Mar del Plata.

Ononis:

Prólogo:

Prólogo


Cuenta la leyenda que la diosa Gálega se había enamorado de Acace, un joven ladrón mortal que encontró una noche preso en el Palacio Divino, morada de su padre, rey de los dioses. Se acercó a su celda, se sentó junto a su puerta y a la noche siguiente engañó a los guardias y ella misma lo liberó. Pasada una semana, Gálega volvió a visitar los calabozos. Él estaba ahí y aunque su consciencia le decía que hiciera lo correcto y evitara meterse en problemas, que se diera la vuelta y volviera a su torre, los pedidos de ésta sucumbieron ante la mirada azul de Acace y, de nuevo, lo liberó. Pero esta vez, al enterarse su padre que el joven ladrón había vuelto a huir, juró que si volvían a traerlo al palacio por un crimen, el mismo le cortaría la cabeza. Espantada, Gálega visitaba todas las noches los calabozos y, durante un mes, pudo dormir en paz al no hallarlo ahí. Pero una noche, mientras observaba la mortal Geuine desde los acantilados que rodeaban Palacio Divino, lo vio ser arrastrado por los guardias en dirección al castillo. Corrió hacia ellos y ante los sorprendidos ojos de esos servidores de su padre, lo besó y, segundos después, se perdieron ambos en el aire. Entonces Gálega descendió con Acace hasta Geuine e hizo surgir Canera para refugiarlo de la furia de su padre. En medio del océano se elevó la enorme isla protegida de la curiosa mirada divina y, a pesar de que él le imploró que no lo abandonara, la diosa volvió con los suyos al Palacio Divino.

Gálega visitaba la isla cada noche a espaldas de su padre y junto a Acace le dieron a Canera sus primeros habitantes, en los que la mortalidad y la esencia divina se mezclaron. Así, de sus cuatro primeros hijos surgió el pueblo Nativo, liderado por su padre y protegido por su madre. Pero debido a su naturaleza mortal, Acace, a pesar de haber tenido un larga vida, se volvió tan frágil que exponerse a la luz Sol lo hacía delirar, el viento y la lluvia lo helaban incluso durante el verano y la sal de la brisa marina parecía hacer arder su piel. Entonces Gálega hizo que sus hijos alzaran a su padre y la siguieran a las montañas. En medio de ellas alzó el monte más alto e imponente jamás visto, eligió de él la  cueva más oculta, hizo brotar agua color jade en su interior para abrir con ella un camino en la piedra madre de Canera, gris y platino, al interior de la montaña y debajo de la tierra. Descendieron por éste hasta una cámara idéntica a la cueva por la que entraron y allí acomodaron rústicamente un lecho para Acace.

El mismo día y en la misma en que el anciano Acace falleció, nació su quinto hijo; una niña a la que su madre decidió llamar Adoxa. Sin embargo, al tomarla en sus brazos y verla a los ojos, Gálega vio en ese azul profundo el mismo brillo que conoció en Acace esa noche en los calabozos de Palacio Divino; mortalidad. Aterrada por volver a perder aquello que amaba con locura, quebrantó  todas las normas divinas decidiendo dar a su Adoxa mortal parte de su esencia divina. Pero en el momento en que dividió su alma para entregarla a la niña recién nacida, se vio envuelta por una sustancia de los colores del fuego que se cerró sobre ella y la derritió hasta hacerla parte de ella. La sustancia se endureció creando una piedra y cayó sobre el agua jade de la cueva y la tiñó de los mismos colores que en ella brillaban.

Los cuatro hijos huyeron de ahí tan rápido como pudieron espantados por lo que había ocurrido a su madre, sin pensar en su pequeña hermana recién nacida. El hermano mayor tomó el lugar de su padre, y se dedicó a recorrer cada una de las cuevas en busca de su hermana, pero su madre había elegido una tan oculta que ninguno de sus hijos pudo hallarla durante sus reinados. Fallecidos los cuatro primeros líderes, el Pueblo Nativo, que por aquel entonces no era más que un conjunto de unas cuantas familias, continuó la búsqueda de la cueva, a la que llamaron Cyrosel para así hallar esa enorme roca de esencia divina y construir un templo a su alrededor, en donde venerarían a la madre Gálega.

El Pueblo Nativo creció con el pasar de los años, pasando de un puñado de familias a cientos de ellas, y en su anhelo por encontrar Cyrosel, cavaron en toda cueva que encontraban esperando llegar a ella en algún momento. Cavaron tanto que las cuevas se unieron bajo la superficie de Canera en una enorme cámara subterránea, que recibió el nombre de Achilea donde tallaron un pequeño edificio para el líder. Agotados, se dieron por vencidos, y abandonaron la búsqueda después de muchos líderes, esperando que algún día Cyrosel simplemente se muestre ante ellos.

Capítulo Unico:

Capítulo único

Canera era un lugar hermoso.

Sabías que te encontrabas próximo a Canera, esa gigantesca y mítica isla al sur de Geuine, cuando podías ver el fondo del mar a través de la claridad salada del agua y señalar cada anémona y animal alrededor tuyo. Cuando llegabas a distinguir su borrosa figura en el horizonte, el agua cristalina brillaba nacarada y debajo de ella montones de rocas, plantas y flores se agrupaban y descendían en círculos escalonados alrededor de rocosas agrupaciones de ópalos negros en bruto, como ciudades concéntricas habitadas por peces, separadas las unas de las otras por amplias murallas de coral plateado -Los más ancianos de mi tribu dicen que algunos de estos círculos alcanzaban tal profundidad y dimensión que sus centros preciosos eran elegidos por las sirenas para refugiarse, esperando que cualquier ser terrestre que las busque fuese incapaz de llegar a ellas y salir a la superficie, y así a mitad de camino fuese borrado el secreto de su belleza por el agua-. Bellos círculos que reducían su tamaño hasta llegar a motitas brillantes y luego desaparecer conforme te acercas a la orilla, donde las olas de agua cristalina recorrían constantemente las costas de lisa piedra gris veteada en platino, que de intervalos se intercalaban con altos acantilados formados por furiosos picos de la misma roca brillante. Y entonces, ponías un pie en Canera y te convertías en un Resignado y todo tu pasado quedaba atrás, porque esa isla solo podía ser encontrada por aquel que huye.

Llegaras por la razón que llegaras, Canera era el lugar perfecto para cualquiera que haya tenido que dejar su hogar. Sobre su superficie el frío no existía, porque estaba en contacto con la luz del Sol lo que duraran las horas del día y ésta conservaba su calor las pocas horas de oscuridad, tanto en las praderas verde pino, llenas de explosiones de flores en toda estación del año, como en los bosques con sus hojas translúcidas, que permitían que éstos se tiñeran de un cálido tono entre rosa y naranja en los amaneceres de verano, y en invierno, de un profundo púrpura que llenaba de misterio los negros troncos de los árboles que se elevaban más allá del tamaño de un gigante subido en hombros de otro. En Canera no eran necesarias casas ni camas, porque los frondosos árboles o las cuevas de las montañas era suficiente abrigo para la lluvia o el viento, y los suaves pastizales pino o los mullidos arbustos del bosque eran el mejor colchón. Los frutos abundaban y nadie pasaba hambre, ni el Pueblo Nativo ni los Resignados.

Si, ciertamente, Canera parecía el refugio soñado para cualquiera y el recién llegado podía disfrutar a su antojo, tal vez meses u horas según su suerte, hasta que fuera descubierto, reclutado y debiera enfrentarse a las calamidades de la guerra, o si se negase y desertara, Hakem, gobernante de los Resignados, le cortara la cabeza frente a su ejército.

En los primero años luego de los primero cuatro líderes, reinaba paz entre Nativos y Resignados. Los Nativos enseñaban a los extranjeros a aprovechar los beneficios de Canera y a respetarla, pero los Resignados eran humanos y criaturas exiliadas y, como es de esperar, no todos ellos eran inocentes niños huérfanos y desamparadas mujeres viudas o embarazas. Al poco  tiempo comenzaron a llegar a Canera grandes criminales que se mezclaron con los Nativos y aprendieron de su cultura y de la vida en la isla. Entre ellos llegó Hakem, cuyos ojos brillaron de codicia al oír las historias de Cyrosel y se empeñó tanto en conseguir la inmortalidad de la esencia divina que se agrupó con el resto de la escoria de los Resignados y formó su primer ejército para enfrentarse al Pueblo Nativo. Con el paso del tiempo y bajó la amenaza de “Resignados o muerte” todo aquel que no era nativo se vio obligado a sumarse al ejército y desempeñar cualquier tarea que fuese útil.
Por la codicia de un hombre, se inició dentro de Achilea la peor guerra jamás vista en Geuine.


Los años pasaron, la guerra seguía azotando la Canera subterránea y las generaciones descendientes de Resignados nacidos durante ésta fueron entrenadas para combatir. Se los acercaba a las actividades del ejército desde pequeños, así fue como Galax, el hijo menor de Hakem inició su vida militar a los diez años en el grupo de aventureros que recorrían la isla a diario en busca de reclutas.

Galax, a pesar de la guerra,  era un niño feliz -quizás el más feliz, quizás el único feliz- porque alejarse de la base y los combates y recorrer las maravillas de Canera lo llenaba de alegría. Aunque según las normas, ningún miembro debía alejarse del resto del equipo de reclutadores, la belleza del niño y el hecho de ser hijo del líder llenaba a Galax de beneficios. Cuando ya estaban lo suficientemente para que no los vieran, lo dejaban ir con la condición de volver al atardecer. Así creció trepando lo negros árboles, recostándose en el verde pino, sumergiéndose en el agua nacarada, admirando la piedra madre y persiguiendo toda criatura de la superficie de Canera, en un principio las hadas, hasta llegar a los gigantes. Los círculos de coral y el ópalo, los colores que reflejaban las hojas de los bosques, el agua zafiro de los pantanos y sus árboles de ramas débiles que dejaban que sus hojas se perdieran dentro del azul, la piedra brillante en el interior de las cuevas, los templos de los centauros, a los quince años, ya nada de eso era un secreto para Galax. Correr, trepar, escalar, nadar, habían vuelto al pequeño niño en un hombre de gran fuerza y agilidad, con un largo cabello negro como la madera del bosque y el trágico fulgor de las ninfas, y uno ojos verdes como las praderas  que miraban lo desconocido como una aventura más.

Ese día, como todos, Galax se alejaba con los reclutadores por la superficie de Canera, y al perder de vista el campamento de heridos, se separó de sus compañeros. Corrió al bosque y trepó uno de los árboles más altos, de donde admiraba toda la isla. Se preguntó dónde ir y, a pesar de conocerlas perfectamente y de haber ido el día anterior, decidió ir a las montañas.
Bajó del árbol, tomó el pantano como atajo, y pronto se vio envuelto en la flora de las laderas. Arboles bajos, una fusión entre los propios del bosque y el pantano, surgían de la roca punzante gris y platino que amenazaba con cortarle en cada paso que daba, pero sabía perfectamente que el truco estaba en sujetarse de los árboles.

Su expedición empezaba a tomarle más tiempo del esperado y su intensión de escalar la montaña más alta se vio frustrada cuando, al encontrarse frente a ésta, pudo ver que  el cielo empezaba a oscurecer. Se hacía tarde, pero al voltearse para desandar su camino, se dio cuenta que de hacerlo llegaría con los Resignados, de tener suerte, entrada la noche. Miró a su alrededor, tenía la opción de seguir adelante y descender por el otro lado de las montañas, pero era peligroso y las pocas veces que se había visto obligado a hacerlo resultó herido. Claro, existía la remota posibilidad de pasar la noche en una cueva, pero no quería arriesgarse a que su padre le cortase la cabeza frente al ejército, así que siguió adelante.

Descendía, cuando vio pasar un resplandor verde a su lado, fugaz, como si un hada pasara volando a toda velocidad. Y, a pesar de saber que su deber era seguir adelante, el Sol aún no se ocultaba por completo y su curiosidad pudo más. Desanduvo unos cuantos pasos y volvió a verlo, entre las hojas de los árboles. Curioso pero no idiota, sacó su daga y se dirigió a él, apartó las hojas y lo vio.
Una angosta abertura en la roca daba paso a una cueva de cuyo suelo parecía surgir constantemente un líquido color jade.

- ¿Hay alguien ahí?- Preguntó alzando lo voz lo más que pudo al tiempo que entraba, pero nadie contestó.

El reflejo de la piedra brillante en el agua llenaba la cueva de un resplandor casi mágico, y se adentró más en ella. Parte de su mente le ordenaba salir y seguir su camino, pero la otra parte miraba con esos ojos desafiantes el camino que seguía del otro lado de la cueva. Así que tomó el camino que seguía el agua, pero al pisarla resbaló y su cuerpo cayó y golpeó empapado en una dura pared de roca madre, cuyos golpes ya conocía de memoria. El agua color jade golpeaba su derecha y, a su izquierda, un líquido parecido a la lava reposaba sin movimiento alguno. Se levantó de un salto esperando ser atacado por el ardor del fuego, pero éste nunca  llegó. Entonces recorrió la cámara con la mirada, no se parecía en lo absoluto a Achilea, y la enorme roca de los mismos colores del agua a sus pies se encontraba medio hundida en ella.

- No te acerques.- Oyó que una voz le advertía y apartando los ojos de la roca vio a su propietaria flotando grácilmente sobre el agua.
- ¿Qué eres?- Dijo casi en un susurro sin reparar en lo grosero que sonaba.

Era una joven formada por el mismo líquido sobre el que flotaba, el rojo, anaranjado y amarillo se mezclaban en su cuerpo como si fuese una figura de fuego, la gravedad parecía no afectarla en lo absoluto. Los ojos sin pupilas se fijaron en Galax.

- Si la pregunta es qué soy; soy esencia.- Comenzó acercándose al joven que permanecía quieto, expectante.- Y si la pregunta es quién; soy Adoxa, guardiana de lo que soy.

Transcurrieron eternos minutos en que ninguno soltó palabra alguna y lo único que se movía en la cueva era el agua color jade, que se fundía en ese líquido dorado,  y el cabello de la joven, que parecía moverse como si estuviera bajo el agua. Fascinado por la exótica belleza de Adoxa, contemplo cada rasgo de su rostro, cada parte de su cuerpo encendido por ese fuego que no quemaba. Finalmente, Galax tomó valor y preguntó.

- ¿Por qué no puedo acercarme a la pierda?
- Acércate si quieres,- dijo en un tono que llenó de esperanza al joven- pero no la toques. Si te dejara hacerlo, morirías, y tu alma se convertirá  en lo que soy, en parte de esa roca y de esta cueva. Sería más sensato disfrutar de la vida mortal allí fuera en Canera.

Esas palabras apartaron de su mente la atención sobre la esbelta figura frente a él. Cueva, desconocido, jade, camino, lava, Adoxa, esencia y la imponente roca; estaba dentro de Cyrosel. Pero realmente no le dio demasiada importancia.

- ¿Qué pasa si te toco a ti?- Preguntó al tiempo que alzaba la mano para tomar al rostro ajeno. Adoxa se apartó antes de que sus dedos estuvieran muy cera.
- Te quemas.
Pero antes de que ella terminara de pronunciar esas palabras, él había extendido el brazo para que no se alejara y la había tomado de la mano. A partir de eso solo vio negro.



Despertó envuelto por la cálida luz del Sol y al incorporarse en vio rodeado de miradas curiosas que no se apartaban de él. No sabía dónde había ido la cueva, ni cómo había llegado allí, pero se sintió terriblemente decepcionado de no abrir los ojos y ver a Adoxa flotando frente a sus ojos. Cayó en la cuenta luego de unos segundo que quienes lo miraban eran los curanderos que atendían a los heridos en combate y que le estaban hablando, aunque no pudiera terminar de comprender qué intentaban decirle. Volvió a caer dormido.

La segunda vez que recobró la conciencia, seguía siendo de día y el Sol molesta exactamente del mismo modo. Estaba solo, tendido en una tela junto a muchos otros hombres, la mayoría de ellos inconscientes o sangrantes. Intentó sostenerse para incorporarse y poder sentarse, pero al apoyar la mano en el suelo, su brazo flaqueó. No sentía la mano y sin embargo estaba ahí, sentía el peso muerto al final de la muñeca. Sonrió al recordar las palabras de Adoxa, te quemas, y alzó al brazo sobre su rostro para verlo. Colgaba inerte, tenía la palma roja, como en carne viva, y los dedos lucían negros y chamuscados, sin embargo, el dorso brillaba con los colores del fuego. Al menos la había tomado de la mano, se consoló. Se levantó a pesar del cansancio, debía volver.  

Emprendió el camino sin percatarse que lo seguían. Resultó más difícil no caerse sujetándose con una mano, pero lo logró. Atravesó las montañas y rápidamente se vio frente al resplandor jade. Volvió a caer por el camino y volvió a golpearse contra la dura pared de roca madre, pero esta vez no por error, peo tampoco por voluntad. Había sido empujado hacia dentro.

Se encontró tendido en el charco que a su derecha era verde jade y a su izquierda brillante como la lava, pero ésta vez el cuerpo de su padre estaba sobre él, sujetándolo por la muñecas.

- Sabía que la habías encontrado.- Dijo mientras tomaba la mano herida de su hijo y examinaba el brillante dorso y un brillo de locura estallaba en sus ojos.- Pero no me lo dijiste… No. ¿Qué…?
- Suéltelo.- Espetó Adoxa en un tono frío y duro. Entonces Hakem reparó en ella y la enorme roca fuego detrás.

Hipnotizado hizo a un lado su hijo y avanzó entre el agua.

- ¡No la toques!- Gritó Galax.- Morirás si lo haces
- ¡Cállate traidor! ¿Hace cuánto tiempo sabes esto? ¿Desde hace cuánto ocultas a tu padre la inmortalidad divina? – le respondió enfurecido-  ¿Morir?- repuso como si lo que decía sonara absurdo- ¡Los dioses no mueren!
- Tú nunca serás un dios, padre.

La mirada amenazante del joven se fijaba en la espalda de Hakem que avanzaba dificultosamente por el agua mientras luchaba contra Adoxa que se interponía en su camino, quemando su piel hasta dejarla negra como los dedos de su hijo, pero el dolor no lo detenía. Galax corrió hacia su padre y lo derribó haciendo saltar el agua, empapándolos. Pero su padre no dejaba de ser el mismo líder guerrero que lideraba a su ejército en combate, y él, un simple reclutador, por lo que los papeles se invirtieron con una velocidad que Galax no había esperado. Apenas tocaron el piso, se vio con el pesado cuerpo de su padre de nuevo sobre él y la daga clavándosele en su costado. Sin miramiento alguno, Hakem apuñaló a su propio hijo y lo dejó tendido boca arriba en el agua dorada.

Se levantó y miró a Adoxa desafiante, corrió hacia la roca, pero antes de que pudiera tocarla, la cueva se llenó de lava, verdadera lava hirviente que hizo destruyó las paredes y salió expulsada hacia el exterior de la montaña en ríos anaranjados que bajaban veloces por las laderas y avanzaron hasta cubrir toda la isla.
Y así, igual que como inició, terminó la guerra por la codicia de un hombre.

La belleza de Canera se vio reducida a una enorme masa de lava ardiente, que pronto se enfrió y se volvió negra y con el pasar de los años crecieron en ella verdes pastizales y selvas que se poblaron de animales. Pero no se volvió a ver ni rastro de los bosques de hojas translucidas, ni los círculos de coral y ópalo, ni el agua nacarada del mar, ni zafiro de los pantanos. Solo fragmentos de roca madre sobrevivieron al arrasar la lava.

Epílogo:

Epílogo


Se dice que la isla en que habita mi pueblo, Ononis (que en nuestra lengua significa obstáculo), tienen sus cimientos sobre las maravillas de Canera, y que fue creada por Adoxa para proteger las maravillas de su tierra de la codicia de los humanos.  Según los sabios, Canera se oculta bajo nuestros pies, y vive como ninguna otra isla de Geuine, con sus hermosos paisajes y criaturas intactas, esperando ser descubiertos. Millones de hombres y miles de expediciones se esforzaron en llegar a ella y devolver sus maravillas al mundo exterior, pero ninguno de ellos ha vuelto a salir a la superficie.

Ah, era una caca de epílogo lol
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Re: Santa de Taca

Mensaje por Tacalina el Miér Dic 24, 2014 10:05 pm

REM.

NO PAREN.

MAUX.

NO NO.

REM.

O lo que sea¿

Me lo leí todo, y es curioso porque no suelo leerme cosas largas tan rápido(?). Es bueno, che, bastante bueno, subilo o algo y le doy laic.

Spoiler:
GALAX OPPAR SARANJÉ

Che, el foro desde el celular es una mierda.







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Re: Santa de Taca

Mensaje por Stranger el Jue Dic 25, 2014 1:54 am

Si, Rem muy bien!
Pd: podes ponerlo en versión web en el celular







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Re: Santa de Taca

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